Felipe Isidro, catedrático de Educación Física: “A partir de los 35 perdemos masa muscular, así que si quieres conservar tu autonomía a los 70 tienes que combinar caminatas con ejercicios sencillos de

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Históricamente, la práctica de actividad física se ha vinculado de manera casi exclusiva a la obligatoriedad de acudir a un centro deportivo o a la disciplina del running, planteándolo como una tarea impuesta que suele mermar el entusiasmo de cualquiera. El estilo de vida contemporáneo, caracterizado por el uso desmedido del automóvil, el auge del trabajo a distancia y la proliferación de comodidades que facilitan el día a día, nos ha despojado de forma progresiva de un factor elemental para el bienestar general: la movilidad constante.

De acuerdo con Felipe Isidro, docente universitario especializado en Educación Física, el ser humano actual debe esforzarse por incrementar su dinamismo cotidiano al máximo. El experto advierte que la estructura de la sociedad moderna desincentiva la actividad física, lo que obliga a las personas a realizar un esfuerzo consciente y superior al promedio, requiriendo un cambio cultural urgente. En este contexto, la actividad física planificada actúa como una herramienta compensatoria indispensable ante el sedentarismo habitual, señalando que sesiones de apenas diez minutos desarrolladas tres veces por semana ya pueden generar un impacto positivo notable.

Isidro manifiesta su gratitud hacia la televisión pública española por facilitar un espacio de difusión centrado en las ventajas de entrenar de manera constante, adaptando la intensidad y el tipo de actividad a las particularidades de cada persona, sin importar su edad. La clave de esta labor divulgativa reside en transmitir pautas concisas, comprensibles y prácticas, priorizando la efectividad del mensaje que asimila el público sobre la complejidad teórica del mismo, en un esfuerzo continuo por promover hábitos de vida saludables.

La clave para iniciar un cambio radica en priorizar el bienestar sobre la apetencia del momento. Es habitual que el ser humano levante obstáculos psicológicos al enfrentarse a nuevos retos, especialmente en el ámbito deportivo. No obstante, el especialista aclara que la falta de motivación o de energía no debe ser un impedimento, pues se debe adoptar el enfoque de actuar por conveniencia y salud en lugar de por mero deseo. Para simplificar este proceso, propone eliminar barreras logísticas mediante rutinas domésticas que no requieran indumentaria técnica ni herramientas complejas, utilizando únicamente el propio peso del cuerpo como resistencia.

El especialista recalca que la relevancia del primer movimiento reside en su capacidad para romper la inercia del sedentarismo, aunque todavía no se alcance la meta final. Por ello, aconseja estructurar entrenamientos iniciales sumamente básicos, de corta duración y basados en la calistenia elemental, facilitando de este modo su asimilación gradual como una rutina más dentro de la agenda cotidiana.

Aunque las caminatas se promueven de forma habitual como el punto de partida ideal para la madurez activa debido a su accesibilidad y superioridad frente al estatismo, Isidro califica esta práctica como incompleta por sí sola. A pesar de sus beneficios evidentes, el experto sostiene que andar resulta insuficiente para garantizar un estado físico óptimo, ya que no aborda el desarrollo de la masa muscular ni el entrenamiento de la fuerza, capacidades esenciales que sufren un deterioro prioritario a medida que envejecemos.

El declive de la musculatura da inicio en una etapa temprana de la vida adulta, concretamente en torno a los treinta y cinco años, momento en el cual empieza a disminuir tanto el volumen como la operatividad de los músculos. Este fenómeno, denominado sarcopenia, experimenta una progresión acelerada a partir de la sexta década de vida si no se mantiene un estilo de vida activo. Entre los desencadenantes de este desgaste se encuentran la ausencia de estímulos de carga, el consumo inadecuado de proteínas y los desequilibrios hormonales asociados al paso del tiempo, lo que refuerza la recomendación del docente de complementar los paseos con ejercicios de fuerza sencillos realizables en el hogar.

La ejecución sistemática de entrenamientos de fuerza ofrece múltiples bondades, tales como el incremento del tejido muscular, la optimización de la estabilidad corporal, el fortalecimiento óseo y la recuperación de la autonomía necesaria para gestos diarios cotidianos como levantarse de un asiento o subir peldaños. El especialista resalta que nunca es tarde para adoptar esta disciplina, exponiendo el caso de personas de más de ochenta años que, mediante entrenamientos adaptados, consiguen rejuvenecer su capacidad funcional el equivalente a dos décadas biológicas.

La asimilación de la actividad física en el entorno familiar genera repercusiones sumamente favorables en el largo plazo. En este sentido, Isidro enfatiza la importancia de que los progenitores entrenen junto a sus descendientes, actuando como un modelo conductual directo, dado que la infancia tiende a replicar los comportamientos observados en el hogar. Asimismo, el docente resalta el esfuerzo colectivo por instaurar de manera obligatoria una hora diaria de educación física en el ámbito escolar.

Esta propuesta subraya la necesidad de que las instituciones educativas incrementen la carga horaria destinada al movimiento corporal, entendiendo que para consolidar una sociedad de adultos activos es primordial educar a la infancia en el disfrute del ejercicio, desligándolo de cualquier matiz punitivo o impositivo. En última instancia, la condición física y el nivel de salud con el que una persona afronte la vejez estarán determinados por las decisiones de cuidado y actividad que adopte durante las décadas previas de su vida adulta.