Arabia Saudí bloquea a EEUU el espacio aéreo en Ormuz
La decisión de Riad de negarle al Pentágono el acceso a su espacio aéreo y a la base aérea Prince Sultan ha puesto en pausa la operación ‘Project Freedom’, diseñada para garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz. Esta medida, sin precedentes desde 2019, ha generado una reacción inmediata en Washington.
La base aérea Prince Sultan, ubicada a apenas 300 kilómetros de Riad, era el centro neurálgico del operativo estadounidense. La administración Trump había desplegado al menos dos destructores de la clase Arleigh Burke y una docena de cazas F-35 en las inmediaciones, esperando la autorización saudí para operar desde su territorio. Sin embargo, esa autorización nunca llegó.
Según fuentes citadas por NBC News, la negativa se produjo de forma abrupta y sin las consultas previas que suelen caracterizar la relación entre ambos países. La Casa Blanca no ha emitido comentario oficial, pero portavoces del Pentágono han admitido que la operación está en pausa y están buscando alternativas, incluyendo el uso de bases en Catar y los Emiratos Árabes Unidos.
Esta negativa es la primera de tal magnitud desde 2019, cuando Riad pidió a la administración Biden que retirase las baterías Patriot del reino. Ahora, con Trump de vuelta en la Casa Blanca y una relación transaccional con los aliados, la decisión cobra un matiz especialmente amargo para Washington.
La negativa de Riad ha provocado un repunte inmediato del precio del Brent, que se ha disparado por encima de los 85 dólares. La base aérea Prince Sultan es clave para el operativo estadounidense en el estrecho de Ormuz, que pasa alrededor del 21% del comercio mundial de crudo.
Los analistas energéticos consultados advierten de que el mercado aún no ha descontado el peor escenario: que Irán interprete la retirada estadounidense como un éxito de su estrategia de intimidación y pase a hostigar activamente a los petroleros que transiten por la zona.
La decisión saudí se produce en un tablero geopolítico cada vez más fragmentado. Moscú, aliada de Irán, podría ver con buenos ojos un estrangulamiento del tránsito por Ormuz, que elevaría los precios y dañaría las economías occidentales sin necesidad de disparar un solo misil.
La Unión Europea, que importa cerca del 20% de su crudo a través del estrecho, afronta un escenario delicado: si la tensión se prolonga, Bruselas podría verse forzada a acelerar la diversificación de suministros iniciada tras la guerra de Ucrania.
Para España, el efecto es indirecto pero real. Un barril caro encarece de inmediato los costes de transporte y de toda la cadena logística, con un impacto especialmente duro en sectores como el turismo y el agroalimentario.
La presencia naval española en la misión europea de vigilancia del Golfo podría ganar en relevancia si Washington reduce su perfil. Sin embargo, fuentes de Defensa descartan un repliegue por ahora.
En una lectura a diez años, lo que ha sucedido esta semana resume mejor que cualquier discurso el mundo que viene: potencias medias como Arabia Saudí ya no aceptan un papel de comparsa en la seguridad que dicta Estados Unidos, y exigen condiciones concretas.
El próximo movimiento dependerá de si la Casa Blanca logra convencer a Riad con incentivos económicos o de defensa en los próximos días. O si, por el contrario, Irán decide que ha llegado el momento de pasar a la acción.