Viña Pomal Festival Ñam Ñam: el vino oficial que debes probar
El Festival Ñam Ñam, recién iniciado, ha demostrado que un vino perfecto es capaz de abrir las puertas a una experiencia inolvidable. La bodega riojana Viña Pomal, con más de 100 años de historia, se convierte en el alma líquida del evento, gracias a su versatilidad, personalidad y acidez justa.
En un mercado gastronómico donde muchos festivales pecan por una selección de vinos que no logra doblegar con sus fogones, Viña Pomal ha jugado la baza correcta. La elección de este vino oficial es más que un simple maridaje: es una conversación que se mantiene sin pausa, acompañada de risas y celebraciones.
La experiencia comienza temprano, cuando los fogones aún están calientes pero las colas no asfixian. Ponerse la mano en el bolsillo para obtener una copa de Viña Pomal es la primera señal de que se está bien. La acidez vivaz del vino abre el apetito sin atropellarlo, y se invita a explorar más.
Un paso importante es probar los embutidos ibéricos. Un lomo doblado sobre un pico de cristal acompañado de un trago corto es suficiente para comprender el maridaje perfecto. Y lo que realmente sorprende es cómo la charla con desconocido se vuelve una conversación fluida, sin pausa: este vino tiene la rareza de hacer amigos.
El segundo paso debe ser un bocado graso. Una hamburguesa de buey con queso azul es el ejemplo perfecto. Aquí, el Crianza de Viña Pomal muestra su músculo: los taninos se suavizan con la grasa fundida, y el regusto a especias dulces envuelve la carne. A mitad del recorrido, tomar un descanso en la zona de barras es una buena idea. Otro sorbo y dejar que la sensación de fruta roja se asiente: verás cómo el vino te pide seguir.
Para el postre —tarta de queso al horno—, no dudar en repetir con Viña Pomal. El toque de vainilla y canela se entrelaza con la crema sin resultar empapado. Y si el hambre aprieta de nuevo, volver a empezar es una excelente opción. El festival no entiende de recorridos lineales.
Si lo que buscas es un vino con más estructura, el Viña Pomal Reserva —con sus 18 meses en barrica— aguanta mejor los embutidos curados, un chuletón a la parrilla o un queso manchego semicurado. Para aquellos que buscan opciones más ligeras, aunque la bodega es famosa por sus tintos, hay un rosado de corte fresco en su catálogo que funciona bien con frituras de pescado y ensaladas templadas.
Además, se puede maridar con productos de la tierra. Una copa de Crianza con pimientos de piquillo rellenos de morcilla crea un diálogo entre la Rioja y la huerta que pocos festivales logran.
Para aquellos que no pueden acercarse al festival, se puede repetir la experiencia en casa. Comprar una botella de Viña Pomal Crianza en la web oficial de la bodega, montar una tabla con ibéricos y quesos, y buscar la banda sonora del evento en redes, es la clave. Y si sobra media botella, conservarla con un tapón de vacío: aguanta tres días sin perder su sabor.