No es oro todo lo que reluce
En las redes sociales, videos surgen con frecuencia que muestran a personas buscando minerales brillantes en los cantos de un pequeño riachuelo y, sin mucho esfuerzo, encontrando una “gema preciosa” que describe como una joya de incalculable valor. En mi caso, cada vez que veo uno de estos videos, en lugar de sentirme celosa o pensar en los hermosos colgantes que podríamos hacer con esa bella roca, me viene a la mente una expresión antigua que define perfectamente a este tipo de minerales: “no es oro todo lo que reluce”.
Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han sentido una atracción por los minerales más brillantes y llamativos, con colores y aspectos menos comunes presentes a nuestro alrededor. Algunos incluso los han convertido en símbolos de poder y riqueza. Esto ha llevado a que mucha gente busque minerales más comunes pero con una apariencia atractiva para venderlos como piedras preciosas y generar un negocio lucrativo.
Para evitar caer en las ventas fraudulentas realizadas fuera del control de joyerías autorizadas y sin los documentos necesarios, aquí te presento algunos ejemplos más comunes de “gato por liebre” en el mundo de las piedras preciosas. Uno de estos es el cuarzo, un mineral muy abundante en la corteza terrestre que puede adoptar diversas coloraciones dependiendo de su composición química.
El cuarzo puede confundirse con otras gemas de gran valor, como los diamantes y los zafiros. La variedad transparente se puede parecer al diamante en bruto, la versión violeta, llamada amatista, es muy similar al aspecto del codiciado zafiro púrpura, y la variedad amarillenta, conocida como cuarzo citrino, podría confundirse con el topacio. Sin embargo, una manera fácil de distinguir entre estos minerales sin realizar un análisis químico es calculando su dureza en la famosa escala de Mohs.
El cuarzo tiene una dureza de 7, mientras que el topacio tiene una dureza de 8 y el zafiro de 9. Sin embargo, estas diferencias solo se pueden calcular con certeza utilizando herramientas especializadas de gemología, no con los utensilios que tenemos a mano.
Otro mineral confundible es el granate de tonos rojos oscuros y el olivino verde brillante. Ambos son considerados como piedras semipreciosas y pueden confundirse con dos tipos de gemas muy preciosas: el rubí y la esmeralda.
Para distinguirlos, debemos acudir a un laboratorio de gemología que calcule su dureza según la escala de Mohs. El granate tiene una dureza entre 6.5 y 7, mientras que el rubí tiene una dureza de 9 y la esmeralda alrededor de 6.5.
La fluorita también es un mineral confundible con piedras preciosas como rubís, zafiros, esmeraldas y topacios. Su coloración puede variar desde azulados a violetas y verdes, lo que la hace muy similar a estas gemas. Sin embargo, hay una manera de diferenciarla en casa: los minerales con dureza 4 se pueden rayar fácilmente con una navaja de acero.
En contraste, los minerales con durezas superiores a 7 no solo se enteran del roce del acero, sino que también pueden rayar un vidrio. La fluorita, por otro lado, no puede rayar nada y no le hace ni cosquillas.
Por último, me gustaría hablar de la pirita, conocida como “el oro de los tontos” debido a su color dorado y brillo metálico que la hace muy similar al oro. Sin embargo, hay una manera fácil de distinguir entre ambos minerales: simplemente raspar contra un fragmento de cerámica no vidriada ni esmaltada.
Si se queda una marca de tonos verdosos oscuros o negros, se trata de pirita. Si, por el contrario, la marca es amarilla, tenemos oro. Como geóloga, creo que cada minero, independientemente de su comúnidad o valor, nos cuenta historias maravillosas sobre millones de años.
Así que, para mí, cada uno de estos minerales es una verdadera joya con un valor incalculable. La naturaleza ya nos ofrece suficientes ejemplos de por qué no debemos fiarnos cuando nos ofrecen una hermosa gema a un precio demasiado bajo, aunque el video en las redes sociales se vea muy realista.