Emiratos sale de la OPEP el 1 de mayo y rompe el cártel

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Abu Dabi formaliza su salida del cártel en plena crisis del Estrecho de Ormuz y con el Brent por encima de 110 dólares. El Kremlin acepta la decisión pero pierde una palanca clave en OPEP+. Cepsa y Repsol reorganizan ya sus contratos.

La salida de Emiratos Árabes Unidos del cártel petrolero a partir del 1 de mayo rompe seis décadas de disciplina dentro de la OPEP y abre la mayor crisis interna de la organización desde la guerra de precios de 2014. Abu Dabi formaliza así una ruptura largamente anticipada, en pleno bloqueo del Estrecho de Ormuz y con el Brent disparado por encima de los 110 dólares.

Una fuga anunciada que se materializa en el peor momento

Emiratos llevaba casi tres años empujando los límites de su cuota. La pugna interna por aumentar el techo de producción —que la OPEP había congelado en 3,2 millones de barriles diarios— se había vuelto insostenible para Abu Dabi, cuya capacidad real ronda ya los 5 millones gracias a las inversiones de ADNOC en Murban y en los campos de Upper Zakum. El cártel no podía absorber esa presión sin reescribir todo su esquema de cuotas, y Riad no estaba dispuesto a ceder espacio.

La decisión coincide con un escenario de máxima tensión geopolítica. El Estrecho de Ormuz lleva semanas bloqueado tras la última escalada entre Irán y la coalición liderada por Estados Unidos, y por ese cuello de botella pasa cerca del 20% del petróleo mundial. Emiratos, paradójicamente, es uno de los pocos productores con un oleoducto alternativo —el Habshan-Fujairah— que esquiva Ormuz y permite exportar directamente al Índico. Esa carta cambia todo.

El Kremlin respeta la decisión, pero pierde una palanca clave

Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, declaró ayer que Moscú ‘respeta la decisión soberana de los socios emiratíes’ y que el formato OPEP+ continuará operando ‘con los miembros restantes’. La fórmula es diplomática pero el daño es evidente: Rusia pierde a uno de los aliados que más le había ayudado a sostener los recortes coordinados desde 2022, cuando las sanciones occidentales comprimieron sus exportaciones por mar.

Para Vladímir Putin, la salida emiratí es un golpe en dos frentes. Primero, debilita el bloque de productores que actuaba como contrapeso al G7 en el techo de precios al crudo ruso. Segundo, deja a Arabia Saudí como única referencia dentro del cártel, y el príncipe heredero Mohamed bin Salmán mantiene con Washington una relación bastante más fluida que con Moscú desde la última visita de la administración Trump a Riad.

De hecho, fuentes diplomáticas consultadas por esta redacción apuntan que la coordinación previa entre Abu Dabi y la Casa Blanca habría sido más estrecha de lo que oficialmente se reconoce. Trump necesita precios del crudo controlados antes del ciclo electoral de medio mandato, y un Emiratos liberado de cuotas puede inundar el mercado con hasta 1,5 millones de barriles adicionales diarios. Los números no engañan.

Lo que observamos es un realineamiento profundo del eje energético global. Washington juega a corto plazo: la administración Trump apuesta por aumentar la oferta para domar la inflación interna, aun a costa de erosionar la cohesión de un cártel que históricamente le incomodaba. Moscú resiste con un OPEP+ menguado, donde Arabia Saudí, Irak y Kazajistán siguen cooperando, pero sin la disciplina de hace dos años. Y Bruselas observa con una mezcla de alivio —por la moderación de precios que puede llegar— y preocupación, porque la fragmentación del mercado petrolero suele preceder a episodios de volatilidad extrema.

La salida de Emiratos no es una decisión técnica sobre cuotas: es la confirmación de que el orden energético post-2022 se está descomponiendo en bloques más pequeños y menos predecibles.

Para España, el impacto es directo y poliédrico. Repsol, Cepsa —cuyo accionista mayoritario es precisamente Mubadala, el fondo soberano emiratí— y Naturgy reorganizan ya sus contratos de suministro. Cepsa, en particular, queda en una posición delicada: su matriz emiratí gana margen comercial, pero la compañía opera bajo regulación europea y debe responder ante el mercado ibérico. El precio del gasóleo en España podría moderarse entre 8 y 12 céntimos por litro en las próximas semanas si el flujo emiratí se materializa, según cálculos de fuentes del sector consultadas por esta redacción.

El precedente histórico inevitable es la salida de Indonesia en 2016 y la de Qatar en 2019. Ninguna provocó un terremoto comparable, porque ambas eran productores menores. Emiratos es harina de otro costal: tercer productor del cártel, con capacidad de exportación que esquiva Ormuz y con vínculos directos con los grandes consumidores asiáticos. La comparación más honesta sería con la ruptura del régimen de cuotas en 1985, cuando Arabia Saudí decidió inundar el mercado y hundió el barril durante una década.

El calendario inmediato es exigente. La OPEP ha convocado una reunión extraordinaria de ministros para el 18 de mayo en Viena, donde Riad intentará rearmar el esquema de cuotas con los miembros restantes. El Brent puede oscilar entre 95 y 125 dólares en función del desenlace de Ormuz y de la velocidad a la que Emiratos despliegue su capacidad libre. El Banco de España vigila el impacto sobre la inflación subyacente, que llevaba seis meses moderándose y ahora vuelve a estar bajo presión.

En esta redacción entendemos que la fuga emiratí no es el final del cártel, pero sí el inicio de su versión más débil en cuarenta años. La pregunta no es si otros productores seguirán el camino —Irak ya ha mostrado disconformidad con sus cuotas en privado—, sino cuándo. La próxima cita relevante es el Consejo Europeo extraordinario de Energía del 12 de mayo, donde España defenderá una posición de bloque ante la nueva volatilidad. Hasta entonces, el mercado descontará escenarios. Sin red.

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