Dieta alcalina ¿ciencia o mito?

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La dieta alcalina es un modelo de alimentación popular en los últimos años, promovido por celebridades y seguidores del bienestar. Su premisa central afirma que las enfermedades prosperan en un entorno corporal “ácido” y que, para mantenerse sano, se debe consumir comida que haga que nuestro organismo sea más “alcalino”. Aunque suelen recomendarse ciertos alimentos, es crucial entender qué no debe incluirse en esta dieta.

El pH de la sangre está estrictamente regulado por el cuerpo y mantiene un rango estrecho (7.35-7.45), ligeramente alcalino, independientemente del tipo de alimentos que consumamos. La verdadera clasificación en la dieta alcalina se basa en los residuos que generan ciertos alimentos después de su digestión.

Los alimentos altamente alcalinizantes incluyen verduras como espinacas y brócoli, frutas como el limón y las almendras. Estos contribuyen a la base de una alimentación equilibrada, aportando minerales positivos como potasio, magnesio y calcio.

Los alimentos neutros, que no alteran significativamente el pH, incluyen grasas saludables y legumbres. Un ejemplo son las semillas de cáñamo, ricas en proteínas y ácidos grasos Omega-3. Estas se pueden incorporar a diversas preparaciones para mejorar su sabor y nutrición.

En la dieta alcalina existen alimentos prohibidos o que se deben limitar, conocidos como “acidificantes”. Este grupo incluye carnes rojas, lácteos maduros, café y azúcar refinada. Estos alimentos generan residuos ácidos que el cuerpo debe neutralizar.

Los beneficios de la dieta alcalina, cuando se sigue correctamente, incluyen un mayor consumo de frutas y verduras, lo que mejora la salud cardiovascular y metabólica. También promueve la reducción del consumo de ultraprocesados, aportando una mayor calidad nutricional.

No obstante, la pérdida de peso observada en algunas personas se debe principalmente a cambios en los hábitos alimentarios y no a un supuesto aumento del pH corporal. Además, la dieta alcalina puede afectar negativamente el equilibrio nutricional y la función muscular.

Las carnes rojas, los embutidos y el café deben limitarse o evitarse en esta dieta debido a su alto contenido de residuos ácidos que pueden ser difíciles de eliminar. El azúcar refinado también debe evitarse por su bajo valor nutricional y la generación de desechos ácidos.

Los quesos maduros, ricos en fósforo y azufre, son otros alimentos prohibidos en esta dieta. Este alto contenido de residuos ácidos puede dificultar el mantenimiento del equilibrio ácido-base corporal.