Donde la FIFA ve necesidad, los estadios ven negocio: las pausas de hidratación han convertido a la Copa del Mundo 2026 en la más alcohólica hasta la fecha

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La Copa del Mundo 2026 rompió récords por múltiples razones, entre ellas los goles de Messi, la cantidad de torneos disputados por Cristiano Ronaldo y, recientemente, se convirtió en el campeonato más alcohólico en la historia del fútbol.

Cuatro años después que Qatar impusiera una prohibición sobre la venta de cerveza en sus estadios, justo dos días antes del inicio oficial del torneo, las cosas cambiaron drásticamente. En Estados Unidos, los estadios se vieron inundados por ambulantes que llevaban hieleras llenas y cajas de cervezas con precios alcanzando hasta 19 dólares en los puntos de comida. Una novedad histórica fue la implementación obligatoria de pausas ‘hydration breaks’ (pausas de hidratación) a cada media hora, durante los dos tiempos de todos los partidos.

La FIFA justificó estas interrupciones como una medida preventiva para el calor norteamericano. Sin embargo, la lógica de este argumento se tambalea al considerar que cinco de los diez estadios sede cuentan con techos y sistemas de aire acondicionado, lo cual reduce significativamente cualquier riesgo por temperatura. Manolo Zubiria, director del torneo, explicó: “En cada partido, en cada estadio, independientemente de las condiciones climáticas, habrá una pausa de tres minutos para hidratación.”

Las pausas, además, ofrecen un espacio publicitario estructurado perfecto. Según estimaciones del The Hollywood Reporter, Fox Sports podría generar entre 250 y 600 millones de dólares extra solo en el mercado estadounidense gracias a los anuncios emitidos durante estas interrupciones, cifra que supera lo que la cadena pagó por los derechos del torneo.

A nivel global, las proyecciones del BBC sugieren que los ingresos publicitarios derivados de las pausas podrían alcanzar los 1.000 millones de dólares en todos los mercados de transmisión. Dentro de los estadios, el fenómeno se potencia aún más. Según reportes de The Wall Street Journal, durante cada pausa, miles de aficionados realizan ‘high-speed beer runs’, carreras veloz para comprar una cerveza y regresar a sus asientos antes del reinicio del partido.

Las ventas de alcohol en los estadios sede del torneo aumentaron significativamente. Un establecimiento en Dallas vendió 5,000 vasos de cerveza antes del enfrentamiento entre Inglaterra y Croacia, mientras que Filadelfia extendió el horario de operación de sus bares hasta las cuatro de la madrugada para atender a los visitantes.

En contraste, en México, la misma Copa del Mundo que promovía el consumo de cerveza encontró una respuesta institucional distinta. La alcaldía Tlalpan implementó un decreto de ley seca en días con partidos en el Estadio Ciudad de México, prohibiendo la venta de bebidas alcohólicas desde las 00:00 hasta las 24:00 horas en las colonias aledañas. Esta medida respondió a los incidentes registrados durante los festejos después de los partidos de la Selección Mexicana.

El impacto económico fue inmediato, con alertas de pérdidas entre pequeños comerciantes y tiendas formales emitidas por la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes. La cerveza en el Estadio Ciudad de México puede costar el equivalente al salario mínimo diario del país, convirtiendo su consumo en un lujo simbólico.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, defendió el sistema de pausas argumentando que podría “hacer los partidos más entretenidos” y señaló que analizará si se mantiene para futuros torneos. Mientras tanto, los aficionados anticipan nuevas respuestas: abucheos en estadios donde las pausas son vistas como absurdas, y la carrera hacia los puestos de cerveza se convierte en el nuevo deporte de la Copa del Mundo.