EE.UU. condena a dos personas por granjas de portátiles norcoreanas

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En un escenario que recuerda más a una película de espionaje que a una realidad cotidiana, dos ciudadanos estadounidenses han sido condenados a 18 meses de prisión por su papel en un complejo esquema que facilitaba la infiltración de trabajadores informáticos norcoreanos en casi 70 empresas estadounidenses. La sentencia, dictada por jueces federales en abril, pone de manifiesto una pieza más en el complejo juego de inteligencia y ciberdelincuencia con el que Corea del Norte sortea sanciones y financia sus programas armamentísticos.

Matthew Knoot, vecino de Nashville, y Erick Prince, de Nueva York, fueron los principales acusados en este caso. La investigación reveló que estos dos individuos habían estado involucrados en la creación de “granjas de portátiles” que permitieron a informáticos norcoreanos hacerse pasar por empleados legítimos en empresas estadounidenses. Los equipos llegaban a sus domicilios, aparentemente inofensivos, y allí se convertían en nodos de una tela de araña digital.

El FBI ha advertido que facilitar estos montajes es un delito federal que atenta contra la seguridad nacional. Knoot fue arrestado en agosto de 2024, un año después de que el FBI registrara su casa. Durante la investigación, obstruyó la justicia destruyendo pruebas y mintiendo a los agentes. La jueza le condenó el 1 de mayo y le obligó a pagar $15.100 en restitución a las empresas afectadas.

La sentencia de ambos se suma a una lista creciente de condenas relacionadas con este mismo esquema. En los últimos dos años han sido sentenciados, entre otros, Christina Chapman, Alexander Paul Travis, Oleksandr Didenko y los hermanos Keija y Zhenxing Wang. Todos ellos, ciudadanos estadounidenses o extranjeros residentes, facilitaron de algún modo la infiltración de informáticos norcoreanos en empresas del país.

El esquema de los trabajadores informáticos norcoreanos mueve cientos de millones de dólares al año, según estimaciones de inteligencia. El fiscal adjunto de seguridad nacional, John A. Eisenberg, afirmó que estos acusados “ayudaron a trabajadores informáticos norcoreanos a hacerse pasar por empleados legítimos, comprometiendo redes corporativas y generando ingresos para un régimen fuertemente sancionado y deshonesto”.

La mecánica de este esquema, que combina el viejo arte de la mentira con la tecnología de escritorio remoto, ha sido perfeccionada durante la última década. El informático norcoreano conseguía una entrevista y un contrato de trabajo remoto, mientras que el verdadero operativo, a miles de kilómetros de distancia, tomaba el control del equipo.

El FBI califica este método de “infiltración maliciosa” que no solo genera ingresos para el régimen norcoreano sino que también puede permitir el robo de propiedad intelectual, el acceso a redes sensibles y, en última instancia, el sabotaje. La justicia estadounidense ha sido clara: la colaboración con estos esquemas es un delito que afecta a la seguridad nacional.

La condena de Knoot y Prince es un pequeño escalón en una escalada jurídica que no va a detener el flujo de informáticos fantasma mientras exista un incentivo económico. La pregunta que queda en el aire es cuántos granjeros de portátiles están todavía operando sin haber sido descubiertos, y cuántos de ellos residen en la Unión Europea.