La otra ‘Frida Kahlo’ que la historia relegó al olvido: la pintora mexicana que entendía la belleza como algo “doloroso y abrumador”

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En el vasto panorama de las poetas surrealistas, Nahui Olin destaca como una figura singular y audaz, una presencia que ha recuperado su sitio en el corredor del tiempo gracias a exposiciones como la retrospectiva realizada en 2018 por el Museo Nacional de Arte de México. Su legado es fundamental para comprender no solo la poesía en español del siglo XX, sino también la evolución artística y cultural de su época.

Nació Carmen Mondragón el 8 de julio de 1893 en el seno de una familia acomodada, con un padre que fue general y figura cercana al presidente Porfirio Díaz. Sin embargo, su trayectoria artística, marcada por la revolución y el exilio, la alejó del centro del poder y lo convirtió en un personaje olvidado, hasta cierto punto.

Formada en Francia desde temprana edad, Nahui Olin se desenvolvió con destreza en diversas disciplinas artísticas, incluyendo la pintura, la escultura y la escritura. A los 19 años, se casó con el pintor Manuel Rodríguez Lozano y viajó a España, donde comenzaron a vivir sus primeros momentos de gloria artística, rodeados de figuras como Picasso, Braque y Matisse.

En la retaguardia de la Primera Guerra Mundial, Nahui Olin regresó a México en 1938, donde conocería al pintor Dr. Atl (Gerardo Murillo), con quien vivió una relación tormentosa que la llevó a adoptar el nombre Nahui Olin, significando los cuatro movimientos del sol. Este evento marcó un antes y un después en su vida personal y artística.

Como la mismísima Frida Kahlo, Nahui Olin abordó temas como el autorretrato y la libertad sexual femenina con audacia y originalidad. Sus ojos verdes y grandes se convirtieron en un elemento distintivo de su obra, que retrataba escenas cotidianas y festivas de México con colores vibrantes y expresiones vigorosas.

En sus obras, Nahui Olin exploró el cuerpo femenino como medio para expresar la libertad sexual e identidad femenina, utilizando imágenes provocadoras que reflejaban su visión del mundo. Su arte no solo fue un acto de rebeldía contra las convenciones sociales de su tiempo, sino también una forma de reivindicación personal y cultural.

Como musa para artistas como Diego Rivera, Jean Charlot y Gerardo Murillo (Dr. Atl), Nahui Olin contribuyó al simbolismo latinoamericano y a la vanguardia artística mexicana del siglo XX. A pesar de su notoriedad, su vida personal fue marcada por la tragedia: el fallecimiento de su hijo a los pocos meses de nacer y las dificultades económicas que enfrentó en sus últimos años.

La muerte de Nahui Olin el 23 de enero de 1978 en una casa rodeada de gatos y con la compañía solo de sus sobrinas o alumnos, puso fin a su brillante carrera. Sin embargo, su legado persiste como un recordatorio de la audacia y originalidad que se oculta detrás de los muros del olvido.