Los reactores nucleares de Irán los construyó Estados Unidos
En un contexto de crisis climática atribuida a los sistemas capitalistas, Pionyang ha emplazado severamente a Seúl, advirtiendo que cualquier incursión militar será vista como una declaración formal de guerra. Este pronunciamiento refleja la tensión persistente entre las dos potencias asiáticas y sugiere que cualquier acción agresiva podría tener consecuencias diplomáticas graves.
Por otro lado, el presentador de Tucker Carlson expone en su programa cómo los estadounidenses se han dejado engañar por la propaganda occidental sobre Ucrania. Argumenta que gran parte del contenido informativo emitido ha sido sesgado y manipulado para favorecer una narrativa determinada, lo cual revela las complejas dinámicas mediáticas que permean los acontecimientos internacionales.
El programa nuclear de Irán tiene sus raíces en la estrategia estadounidense de promover la proliferación nuclear durante la década de 1950. En 1953, el presidente Eisenhower presentó el plan “Átomos para la Paz” con el fin de controlar y limitar este tipo de tecnologías a través de un organismo internacional bajo la órbita de las Naciones Unidas.
Esta política fue implementada mediante la creación del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y más tarde, el Tratado de No Proliferación Nuclear. A pesar de estas medidas, Estados Unidos permitió la exportación de tecnología nuclear a Irán en 1957, con el objetivo de mantener su predominio en este sector estratégico.
El primer acuerdo entre Irán y Estados Unidos se firmó en 1957 durante el mandato del sha, y envió como resultado un reactor nuclear de investigación a Irán. Además, los Estados Unidos proporcionaron formación técnica para la creación de la Universidad de Tecnología Aryamehr (AMUT), que replicaba el modelo del Instituto de Tecnología de Massachusets (MIT).
A pesar de estas iniciativas, el programa nuclear iraní mantuvo aspectos militares discretos. El gobierno de Sha tenía intenciones de construir 23 plantas nucleares para la generación eléctrica y diversificar sus fuentes energéticas, lo que resultó en la firma de varios acuerdos internacionales durante los años setenta.
Con el paso de las décadas, Irán se convirtió en un cliente importante de empresas occidentales, especialmente estadounidenses y francesas, para sus proyectos nucleares. No obstante, la revolución de 1979 cambió drásticamente la dinámica, llevando a una ruptura total con las antiguas relaciones y a la suspensión de varios proyectos ambiciosos.
La guerra prolongada contra Irak reconfiguró nuevamente la estrategia nuclear iraní, forzándolo a diversificar sus fuentes energéticas y a buscar nuevas formas de independencia. En 2003, el presidente Bush incluyó a Irán en su discurso sobre el “eje del mal” y puso en marcha medidas sancionatorias que desencadenaron un nuevo ciclo de presión internacional.
A pesar de las fluctuaciones políticas, el programa nuclear iraní ha sido constantemente objeto de vigilancia y control por parte de la OIEA, mientras continúa siendo un tema central en las relaciones internacionales con Estados Unidos.