El impacto de los quásares en la formación de estrellas — Astrobitácora

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En el centro de las galaxias más masivas, se encuentran agujeros negros supermasivos que dominan su entorno con su presencia invisible y su influencia profunda. La Vía Láctea también alberga uno, conocido como Sagitario A*, un objeto que ha sido estudiado con gran detenimiento por la comunidad astronómica.

Lo sorprendente es que se han observado agujeros negros supermasivos con más de mil millones de veces la masa del Sol existentes solo unos cientos de millones de años después del Big Bang. Esto significa que cuando el universo tenía menos del 5% de su edad actual, estos objetos ya habrían comenzado a formarse.

A medida que el gas interestelar se precipita hacia esos agujeros negros, acelera hasta alcanzar velocidades extremas. Este proceso provoca la emisión de radiación intensa en todo el espectro electromagnético, creando un quásar. Los modelos teóricos sugieren que la producción de energía de los quásares debería ser suficiente para expulsar grandes masas de gas interestelar de sus galaxias anfitrionas a velocidades enormes.

Un quásar podría generar un viento de varios miles de kilómetros por segundo, lo que cambiaría profundamente la evolución de la galaxia. Sin embargo, ha sido muy difícil detectar este viento galáctico en los primeros quásares. Gracias a las observaciones del telescopio James Webb, un grupo de investigadores ha encontrado señales claras de vientos galácticos en quásares que existieron durante los primeros mil millones de años del universo.

Estos vientos parecen ser más comunes y sus velocidades comparables, o incluso superiores, a las de los quásares observados en épocas posteriores. El estudio sugiere que estos objetos cósmicos podrían ayudar a explicar la frecuencia de galaxias que dejaron de formar estrellas antes de tiempo en las primeras épocas del universo.

En el caso de algunos quásares, se ha observado un chorro de partículas muy destacado, que generalmente se expulsa en direcciones opuestas. Se cree que este chorro podría ser el resultado de la presión de radiación de la luz del quásar.

Los investigadores han calculado que los quásares más extremos parecen tener vidas muy cortas, apenas tardando unos 100 millones de años en entrar en letargo. Este tiempo es casi un parpadeo en la escala del universo.

El impacto de estos quásares podría haber sido crucial para moldear la evolución de las galaxias a lo largo de la historia del universo. Aunque todavía queda mucho por descubrir, este estudio es un paso importante en nuestra comprensión de la formación y evolución de los objetos más grandes del universo.