La Generación Z ha dado un giro de 180 grados a los padres helicóptero. Ahora son ellos los que tienen la sartén por el mango gracias a la tecnología

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Los jóvenes han crecido sabiendo que podían ser localizados en cualquier momento. Sus padres han utilizado aplicaciones de localización para vigilar a sus hijos desde que se inventó esa tecnología, no por invadir su privacidad, sino como forma de control. Es lo que se conoce como crianza helicóptero y ahora la Generación Z y los millennials están usando ese mismo control que vivieron con sus padres. Quienes vigilaban se han convertido en vigilados.

El término padres helicóptero fue acuñado en 1960 por el psiquiatra infantil Foster W. Cline y el pedagogo Jim Fay, y hace referencia a aquellos padres que sobrevuelan a sus hijos y se pasan de la raya con la sobreprotección. La crianza helicóptero comenzó con los millennials a principios de este siglo y ha continuado con la Generación Z.

Niños sobreprotegidos que ahora son adultos con miedo

Los expertos como la socióloga Laura Hamilton aseguran que “la protección de los padres debe consistir en mejorar la confianza en sí mismos de los niños… siempre que no reciban más protección de la que necesitan”, porque “los niños no pueden lograr la independencia necesaria si los padres intentan resolver sus problemas y desafíos”. El control de los padres helicóptero no deja que los niños resuelvan eso. Por ejemplo, siempre que te peleas con tu hermano, intervienen tus padres, así que no aprendes a gestionar el conflicto. Cuando en el colegio te ponen una mala nota, no eres tú quien reclama justicia, sino que son tus padres quienes piden una tutoría.

Si un niño crece con unos padres helicópteros que no le dejaron experimentar, fallar o gestionar sus propios problemas, se convierte en un adulto que no tiene ni idea de cómo enfrentarse a situaciones desafiantes, como una entrevista de trabajo. El problema es tan real que un 20% de las empresas afirman que hay padres acompañando a sus hijos a las entrevistas de trabajo.

La tecnología influye en esa crianza hipervigilada porque se convierte en una conexión constante gracias a los móviles. No la inventó, ojo, solo la amplificó con aplicaciones como Life360 o Find My Phone que se convirtieron en una herramienta de control parental y alimentó aún más la necesidad de saber qué hacía su hijo en todo momento. Pero parece que a la Generación Z no le molesta que sus padres sepan dónde están en todo momento. De hecho lo consideran cuidado y han llegado a interiorizar la idea de que saber dónde está la otra persona es estar a salvo.

Ahora que esos niños que crecieron con la crianza helicóptero se han convertido en adultos, la vigilancia se ha vuelto mutua. No por maldad o como venganza, sino porque es el modelo de cuidado que han aprendido. La Generación Z geolocaliza a sus padres no por control y sobreprotección como hacían ellos, sino más por curiosidad y porque esa localización les da seguridad.

Hay estudios que afirman que el 65% de los jóvenes de la Generación Z comparte su ubicación permanentemente, pero solo da una sensación de falsa seguridad según los expertos, y podría reforzar la ansiedad y normalizar la idea de que el otro está obligado a estar siempre localizable. En este contexto, la Generación Z no solo repite el patrón de sus padres helicóptero, sino que lo refuerza en un contexto donde la tecnología normaliza el acceso continuo a la información de los demás. Y eso es peligroso.

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