El ídolo de la manosfera lo tiene claro: si quieres ser un buen macho, debes maquillarte, porque eso no te hace gay (si lo usas para ligar)

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En los márgenes más ruidosos de internet, donde la estética se ha convertido en ideología, el discurso sobre la masculinidad vuelve a tensarse hasta rozar la contradicción. Allí, figuras como Braden Peters, conocido como Clavicular, han logrado convertir el culto a la apariencia en una narrativa aspiracional para miles de jóvenes.

Su mensaje es tan provocador como sintomático: si quieres ser un “buen macho”, puedes (y quizá debes) maquillarte, siempre que el objetivo sea ligar. Una afirmación que, lejos de abrir la mente, revela las grietas internas de un movimiento obsesionado con redefinir la masculinidad sin cuestionarla realmente.

Consolidado como uno de los rostros más visibles del llamado looksmaxxing, su discurso, amplificado en plataformas como TikTok o Kick, mezcla consejos de estética con prácticas extremas que van desde el uso de esteroides hasta técnicas pseudocientíficas como el “bone smashing”.

Sin embargo, ahora es el maquillaje en los hombres el último tema que ha salido a colación, porque no aparece como una herramienta de expresión personal, sino como un recurso táctico más dentro de una estrategia de seducción para con las mujeres.

Clavicular explains to DJ Akademiks what Make Up Maxxing is & how it’s not Gay #clavicular #clav #djakademiks

Al respecto, Clavicular afirma que el uso del maquillarse no cuestiona la masculinidad siempre que esté subordinado a un fin concreto: resultar más atractivo para las mujeres. Es decir, el gesto no se legitima por sí mismo, sino por su utilidad por ser la mejor versión de uno mismo como parte de una lógica instrumental que convierte algo tradicionalmente asociado a lo femenino o a lo artístico en un arma dentro de un entorno profundamente competitivo, donde el objetivo último sigue siendo “ascender” en la jerarquía del deseo.

Sin embargo, esta postura entra en conflicto directo con el propio imaginario que el looksmaxxing dice defender. Por un lado, promueve una masculinidad hiperrígida basada en la apariencia que determina el valor del individuo, pero por el otro, introduce prácticas que históricamente han sido rechazadas por ese mismo modelo de masculinidad.

El resultado es un alegato que se retuerce sobre sí mismo: acepta aquello que antes negaba, pero solo si sirve para reforzar el mismo sistema que lo rechazaba porque este movimiento no busca redefinir la masculinidad, sino optimizarla dentro de sus propios límites.

Por esa razón puede integrar elementos aparentemente disruptivos sin alterar el núcleo de su ideología: el maquillaje, en este contexto, no es una herramienta de libertad, sino de rendimiento, y quizá por eso el mensaje cala, porque no propone romper con el sistema, sino jugar mejor dentro de él aunque eso implique, irónicamente, coger una brocha y mirarse al espejo.

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