Nothing es puro marketing y ‘lucecitas’

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Desde que Nothing llegó al mercado, muchos pensaban que, gracias a su innovador e innegable diferencial diseño. Sin embargo, varios años después, apenas he visto a más de 2 personas con un móvil de la marca londinense, cuya esencia, basada en las luces LED traseras, las transparencias y el minimalismo no han sido suficientes para conseguir ese impacto deseado a largo plazo.

Pese a que sus primeros lanzamientos fueron esparanzadores y abrieron la puerta a expandir un mercado dominado principalmente por Samsung y Xiaomi. El paso del tiempo ha pasado factura a Nothing y cada vez sus lanzamientos tienen menos relevancia por múltiples motivos más allá del estancamiento en diseño.

La característica más distintiva de los móviles Nothing es la interfaz Glyph. Este sistema de luces LED en la parte trasera permite recibir notificaciones de forma visual, conocer el estado de la carga o simplemente servir como luz para la cámara. Es una propuesta original, pero a la que el tiempo le ha pasado factura.

La utilidad en el día a día es cuestionable más allá de la novedad. El usuario debe acostumbrarse a tener el teléfono boca abajo, lo cual resulta antinatural para la mayoría, puesto que no pueden consultar las notificaciones entrantes y si se trata de un mensaje importante, viéndose obligados a darle la vuelta al dispositivo constántemente. Además, si eliminamos las luces traseras y su apariencia transparente, los móviles de Nothing se convierten en móviles de gama media del montón por dos sencillas razones: su capa de personalización y su rendimiento.

La marca apuesta por Nothing OS como capa de personalización, que destaca por una interfaz similar a Android puro y con widgets personalizados basados en el aspecto tan característico de la marca. Ofrece una experiencia fluida y es visualmente atractiva, pero lo cierto es que, pese a ello, es un software que se queda corto frente a la competencia.

Mientras que capas como One UI de Samsung ofrecen herramientas profesionales como DeX, una protección mayor frente a amenazas con Knox u opciones de personalización profunda, Nothing OS se siente vacío más allá de la estética propia que tiene. Lo mismo ocurre al compararlo con HyperOS de Xiaomi, que permite una optimización de recursos mucho más agresiva y una integración entre dispositivos mucho más avanzada.

Sí, la interfaz de Nothing se ve muy bien, pero no ofrece ninguna función diferencial o herramienta de productividad que no tenga ya el Android más básico. Para un usuario que busca un software especial, no le sirve únicamente con una cara bonita, ya que la falta de opciones se traduce en una experiencia limitada.

Sin embargo, donde Nothing muestra sus mayores carencias es en el rendimiento frente a la competencia. La marca suele optar por procesadores que están por detrás de los de sus rivales directos. Esto debido a que gran parte de su precio se debe a ese diseño trasero tan refinado y las luces LED, descuidando otros aspectos del dispositivo.

Una prueba clara es el nuevo Nothing Phone (4a) Pro en AnTuTu. El buque insignia de este año logra una puntuación que supera por poco el millón de puntos. Es una cifra respetable, pero el reciente POCO X8 Pro Max ya supera los 3 millones de puntos por un precio idéntico. Otro caso es el realme GT 7T del año pasado, el cual se aproxima a los 2 millones de puntos, lo que evidencia la falta de rendimiento de los móviles Nothing en comparación con los de Xiaomi, realme y el resto de las marcas.

Nothing es una marca que se vende por los ojos, priorizando la estética tanto del dispositivo como del sistema por encima del hardware. Si lo que buscas es un móvil que de verdad merezca la pena por su rendimiento por los 500 euros que cuesta el nuevo Nothing Phone (4a) Pro, hay muchas opciones en el mercado.