El Dalí más inexplorado reabre el Palacio de Gaviria: 14 piezas para mirar al artista desde otro ángulo

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Hay reaperturas que funcionan como una simple vuelta a la actividad y otras, en cambio, ojo, que aspiran renovar espítus. La del Palacio de Gaviria pertenece a esta segunda categoría. El edificio reabre en Madrid con Dalí infinito, una propuesta centrada en la obra escultórica de Salvador Dalí que no solo devuelve la vida a uno de los espacios históricos del centro, sino que lo hace además con una elección poco obvia: mirar al artista desde una faceta menos visitada que la pintura, pero plenamente coherente con su desmesura.

La muestra pone el foco en las esculturas desarrolladas por Dalí a partir de 1973 y reúne 14 piezas en las que reaparecen, convertidos en volumen, muchos de los asuntos que atravesaron toda su obra: la mitología, la espiritualidad, el deseo, la ciencia, el sueño y esa teatralidad intelectual que convirtió al creador ampurdanés en una figura imposible de encerrar en una sola disciplina. La comisaria Rosa Perales reivindicó durante la presentación precisamente esa zona menos transitada del artista. No se trata de añadir una nota a pie de página al Dalí ya conocido, sino de entrar en una parte esencial de su imaginario. “Invitamos al público a mirar más allá del evidente universo de Dalí y adentrarse en un mundo donde la imaginación, la tradición y la provocación conviven”, ha señalado Perales.

El recorrido quedará instalado de forma permanente en el Palacio de Gaviria, tras el acuerdo alcanzado con la Fundación Gala-Salvador Dalí, que se ocupará de la revisión del proyecto. La vocación de permanencia no es un detalle menor: apunta a la voluntad de convertir el espacio en algo más que una sede expositiva ocasional y de consolidar una identidad cultural estable para el edificio. La muestra abarca obras concebidas entre los años 30 y 80, aunque concentra buena parte de su discurso en el tramo comprendido entre 1973 y 1980, cuando Dalí intensificó su trabajo escultórico. En ese periodo, la escultura deja de aparecer como una derivación secundaria y gana peso propio dentro de su producción.

“Dalí desarrolla una línea conceptual marcada por la ciencia moderna, especialmente por la física cuántica y la teoría atómica, simbolizadas por la mística, la espiritualidad y la tradición clásica y ejecutadas en las obras mediante vaciados y estructuras desmaterializadas”, ha añadido Perales. En Dalí, incluso cuando mira a la ciencia, lo hace desde la imagen, desde la mística y desde una imaginación empeñada en unir lo racional y lo delirante. De ahí que muchas de sus esculturas recurran a cuerpos fragmentados y estructuras abiertas que parecen querer mostrar, al mismo tiempo, presencia y desaparición.

El itinerario desemboca en la dimensión religiosa de su obra, otro de los territorios donde Dalí se mostró más singular. En lugar de contraponer fe y modernidad, el artista las mezcla. Obras como San Juan Bautista o los dibujos de Adán y Eva revelan esa tentativa de pensar lo sagrado con herramientas visuales atravesadas por la ciencia y por una obsesión constante: la supervivencia, la trascendencia, la idea de vencer al tiempo. Entre las piezas presentes en la exposición figuran Elefante cósmico, Mujer desnuda subiendo escalera, Cabeza de caballo riendo, Cristo de San Juan de la Cruz, Ama de llaves o Alma del Quijote. Son títulos que ya delatan una iconografía reconocible, entre lo onírico y lo literario, entre lo sacro y lo excéntrico.

La exposición se completa con una selección de dibujos originales que amplía el campo de lectura del visitante. Aparecen ahí paisajes ligados al Ampurdán y al Mediterráneo, pero también la huella de Gala, convertida no solo en musa, sino en auténtico centro gravitatorio del universo daliniano. Su figura atraviesa varias obras con una mezcla de devoción íntima y construcción mítica: Gala como presencia real, pero también como invención poética. A ello se suma la célebre serie gráfica dedicada a La Divina Comedia, realizada entre 1959 y 1960, una de esas incursiones en la tradición universal que Dalí resolvió sin reverencia académica.

La reapertura del Palacio de Gaviria tiene, en paralelo, otra lectura inevitable: la del propio edificio como patrimonio recuperado. Jesús Rodríguez, director del proyecto, explicó que la vuelta a la actividad ha ido acompañada de una revisión arquitectónica integral destinada a rescatar el esplendor original del inmueble. “La recuperación está siendo lenta, pero tenemos un gran empeño para que el fin de este edificio sea de uso cultural”, ha subrayado mientras rechazaba la etapa en la que fue empleado como discoteca.

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